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Principio Biocéntrico

Principio Biocéntrico por Rolando Toro Araneda *    La intuición en torno a la cual se organiza...

Principio Biocéntrico

por Rolando Toro Araneda *

 

 La intuición en torno a la cual se organiza Biodanza está conceptualmente formulada en el “Principio Biocéntrico”. Este nuevo paradigma para las ciencias humanas propone orientar todos los emprendimientos sociales y educacionales hacia la creación de una estructura psíquica capaz de proteger la vida y permitir su evolución.

El Principio Biocéntrico tiene como punto de partida la vivencia de un universo organizado en función de la vida. Todo cuanto existe en el universo, sean elementos, astros, plantas o animales, incluyendo al hombre, son componentes de un sistema viviente mayor. El universo existe porque existe la vida y no a la inversa. Las relaciones de transformación materia-energía son grados de integración de vida.

Colocando el respeto a la vida como centro y punto de partida de todas las disciplinas y comportamientos humanos, el Principio Biocéntrico promueve una reformulación de nuestros valores culturales y restablece la noción de sacralidad de la vida, constituyendo un paradigma que podrá servir de fundamento a las Ciencias Humanas del futuro: Educación, Psicología, Jurisprudencia, Medicina y Psicoterapia.

Nuestro abordaje epistemológico parte de lo viviente. La vida no es simplemente la consecuencia de procesos atómicos y químicos, sino el programa implicado que guía la construcción del universo.

La evolución del universo es, en realidad, la evolución de la vida. En este sentido compartimos el abordaje de David Bohm: bajo el dominio explicado por la ciencia, queda un dominio implicado de totalidad indivisa. “Los datos reales de la ciencia —dice Bohm— sólo parecen tener sentido sobre algún tipo de fundamento implicado o unificador, o transcendental, subyacente a los datos explícitos”.

Desde el Principio Biocéntrico podemos concebir el universo como un gigantesco holograma vivo. La experiencia de la unidad mística y de la identidad suprema es para nosotros perfectamente válida. Podemos descubrir en esta vivencia fundadora las raíces de una cultura de la vida.

La desconexión de los hombres de la matriz cósmica de la vida ha generado, a través de la historia, formas culturales destructivas. La disociación cuerpo-alma ha conducido a la profunda crisis cultural en que vivimos.

Si tomamos como punto de partida las propuestas intrínsecas que surgen del acto de vivir y de la comunicación con los seres vivos, tenemos que abandonar, con decisión absoluta, cualquier tipo de fundamentación cultural basada en el dinero y en el asesinato. Los intereses de la vida no siempre se conjugan con las exigencias de nuestra cultura. Así por ejemplo, todo el delirio jurídico de oriente y occidente, con sus códigos y tribunales de justicia, se basan en la propiedad privada y no en la vida. Las guerras son también la expresión de esa psicosis colectiva que niega la sacralidad de la vida.

La cultura debería estar organizada en función de la vida.

La cultura  se nutre de los impulsos que generan procesos vivientes. Este planteamiento es biocosmológico y no antropológico, cosmológico o teológico.

El Principio Biocéntrico, propone la potenciación de la vida y la expresión de sus poderes evolutivos. Biodanza es, desde este punto de vista, una poética de lo viviente que está fundada en las leyes universales que conservan y permiten la evolución de la vida. Todas las acciones de Biodanza se orientan en resonancia con el fenómeno profundo y conmovedor de la vida.

Biodanza emplea una metodología vivencial, dando énfasis a la experiencia vivida más que la información verbal, lo cual permite comenzar una transformación interna sin intervención de los procesos mentales de represión.

Participamos del pensamiento visionario de Albert Schweitzer: “Meditando sobre la vida, siento la obligación de respetar cualquier voluntad de vida a mi alrededor, por ser igual a la mía”.

La idea fundamental del bien es, pues, que éste consiste en preservar la vida, en favorecerla, en conducirla a su valor más alto; y que el mal consiste en aniquilar la vida, lastimarla, poner trabas a su florecimiento.

Pienso que la vida no surgió de la materia, sino que la materia se ordena en relación a las posibles estructuras de la vida; la causa del universo es la vida.

Desde hace miles de años hemos vivido dentro de un contexto cultural alienante. Más, si el universo está vivo desde el comienzo, la cultura del futuro será una cultura de la vida.

Los parámetros de nuestro estilo de vida son los parámetros de la vida cósmica. En otros términos, nuestro movimiento y nuestra danza se organizan como expresiones de vida y no como medios para alcanzar fines externos. Vivimos para crear más vida en lo íntimo de la vida.

Si las condiciones culturales y socioeconómicas son anti-vida, nosotros nos proponemos cambiar este sistema, no con la ayuda de una ideología, sino restableciendo en cada instante, en nuestra vida, las condiciones de nutrición de la vida. No es la consistencia ideológica de un hombre lo que interesa, sino su consistencia afectiva y su práctica del movimiento-amor.

El Principio Biocéntrico pone su interés en un universo comprendido como un sistema viviente de gran complejidad. El reino de la vida abarca todo lo que existe, desde los neutrinos hasta los quasares, desde las piedras hasta los pensamientos más sutiles. Toda expresión, todo movimiento, toda danza, es un lenguaje viviente.

El sentimiento de amor podríamos definirlo como la experiencia suprema del contacto con la vida. A través de Biodanza llegamos a la fuente originaria de los impulsos de vida: danza, amor y vida son términos que aluden al fenómeno de la unidad cósmica.

El núcleo creador de la cultura del tercer milenio está por nacer con la restitución de la sacralidad de la vida.

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